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jueves, 3 de noviembre de 2016

El Abrazo es historia



Estaba buscando una imagen de "El Abrazo", de Juan Genovés, un símbolo de la amnistía, de la Transición, a modo de denuncia/metáfora visual de lo que se logró y lo que se ha perdido y me topo con esta noticia....

Desde enero de este año está en el Congreso de los Diputados, un préstamo del Museo Reina Sofía por 3 años. Aquí dejo el enlace de La Vanguardia:





Después de casi un año sin gobierno, sin posibilidad de acuerdos, con dos y casi tres elecciones fallidas, los políticos insultándose, los partidos suicidándose, que el Abrazo llegue al congreso, más que un ejemplo a seguir, un modelo esperanzador, se transforma en un sainete, un esperpento, una burla; ese género que siempre se nos ha dado tan bien a los españoles.


Rajoy contemplado El Abrazo colgado en una pared del Congreso. Tan ajeno a su significado como el resto de los diputados, y aquí no hago distinción de ideologías y/o facciones. Si lo han cedido al Congreso es porque es o debe ser un símbolo y como tal aún tiene un desempeño, un objetivo. Pero ese cuadro, como la Transición ya son historia, y como tal debe volver al museo, donde los visitantes aún pueden apreciar su significado.

La Transición es historia, por suerte, como la dictadura, pero eso que se llamó el Espíritu de la Transición, un término desgastado por el uso y la demagogia, que entiendo como la capacidad de entendimiento y negociación en beneficio del país y de sus ciudadanos, no debería correr el mismo destino.   

¿Quién no necesita un abrazo?

  


jueves, 9 de octubre de 2014

Fi




Este símbolo es la letra Fi, la vigésimo primera del alfabeto griego, que los romanos transformaron en Phi y que en español se pronuncia Fi.



¿Qué significa φ?

Φ o φ es la representación del número áureo o número de oro (también llamado razón extrema y media, razón áurea, razón dorada, media áurea, proporción áurea y divina proporción). Se representa con la letra griega φ (en minúscula) o Φ(en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias(en griegoΦειδίας).



Se trata de un número algebráico irracional que posee muchas propiedades interesantes y que fue descubierto en la antigüedad, no como una expresión aritmética sino comouna construcción geométrica. 

Existe una relación que es demostrable a través de los números que da pie a una serie de formas y dinámicas que aparecen en toda la naturaleza y que pueden traducirse directamente en reglas de proporción utilizable por los artistas

Esta proporción se encuentra tanto en algunas figuras geométricas como en la naturaleza: en las nervaduras de las hojas de algunos árboles, en el grosor de las ramas, en el caparazón de un caracol, en los flósculos de los girasoles, etc.

Asimismo, se atribuye un carácter estético a los objetos cuyas medidas guardan la proporción áurea. Algunos incluso creen que posee una importancia mística. A lo largo de la historia, se ha atribuido su inclusión en el diseño de diversas obras de arquitectura  y otras artes, aunque algunos de estos casos han sido cuestionados por los estudiosos de las matemáticas y el arte.


El primero en hacer un estudio formal del número áureo fue Euclides (c. 300-265 a. C.), quien lo definió de la siguiente manera. En 1509 el matemático y teólogo italiano Luca Pacioli publicó De Divina Proportione (La Divina Proporción), donde plantea cinco razones por las que estima apropiado considerar divino al número áureo. 

Áurea en Fringe

Tanto Alberto Durero como Johamnnes Kepler estudiaron el número y sus propiedades. Este último se refirió al número áureo en términos grandiosos: “La geometría tiene dos grandes tesoros: uno es el teorema de Pitágoras; el otro, la división de una línea entre el extremo y su proporcional. El primero lo podemos comparar a una medida de oro; el segundo lo debemos denominar una joya preciosa”


Más Fringe

Además de aparecer en buena parte de las cortinillas de Fringe, la proporción áurea también se encuentra en buena parte de los diseños y logos que nos rodean, bien por ser buscada ex profeso por los diseñadores, bien por seguir un patrón estético común, bien por forzar que este encaje en el patrón. Aquí tenéis algunos ejemplos:   

http://www.brandemia.org/la-proporcion-aurea-en-el-diseno-de-logotipos/



¿Por qué φ?

Puesto a decidir un logo o símbolo que me identificara como profesional del derecho no encontré otro mejor que uno asociado a una proporción universal relacionada con la armonía, que se encuentra tanto en la naturaleza como en la obras de arte y el pensamiento, relacionada con lo bello, con lo perfecto. 

Proporción y armonía están ligados a la justicia, pues las normas legales no dejan de ser la norma a la que se ha de ajustar la conducta humana para permitir la vida en sociedad. 


Un símbolo tan válido como el de la balanza que porta la diosa romana Iustitia (heredera de diosas egipcias Maat e Isis, y las griegas Temis y Dice), en la que se mide la fuerza de apoyo de un caso y la oposición. Ella también es a menudo vista llevando una espada de dos filos en su mano izquierda, simboliza el poder de la razón y la justicia, que puede ser ejercido a favor o en contra de cualquiera de las partes. La venda en los ojos es herencia de otras dos diosas, la romana Fortuna (destino) y la griega Tyche (la suerte).

Por cierto, mi tarjeta, que figura en el encabezado de esta entrada, cumple con la proporción áurea. No podía ser de otro modo. 


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jueves, 1 de mayo de 2014

La autoridad competente



El aniversario

Cada 23 de Febrero estamos de celebración. Para unos supone el triunfo de la democracia sobre el totalitarismo; para otros un acto heroico de un grupo de patriotas; los hay que piensan que es una chapuza propia de república bananera; hay para todos los gustos. Pero sobre todo es un día señalado para los chismosos, los  conspiranóicos y los miembros del periodismo-ficción. También habrá quien celebre su cumpleaños, aunque el pobre  ya habrá aprendido a contener su alegría ese día para no abrir unas heridas que me temo cicatrizarán nunca.

Este año, en su 33 cumpleaños la cosa está mas animada que de costumbre. Tenemos el revuelo que originó el falso documental del equipo de Salvados “Operación Palace” y la cascada de reacciones que ha generado el libro de Pilar Urbano “La Gran Desmemoria”. El primero lo disfrute y el segundo no lo he leído, (ni interés). En ambas propuestas se nos muestra una conspiración para llevar a cabo un golpe de estado dirigido, bien por las fuerzas políticas, bien por el Rey, al objeto de adelantarse a un golpe de estado real que hiciera volver una dictadura militar. Ambas propuestas no son nada descabelladas.... Ni tampoco originales.


Desde hace bastante tiempo el Coronel Amadeo Martínez Inglés viene acusando al Rey de estar detrás del golpe de estado del 23-F, de crear un golpe dirigido para ensalzar su figura, garantizar y legitimar su reinado. En cuanto a la idea de adelantarse a las tramas golpistas con un golpe de estado controlado tampoco es original y hay mucha prensa y ensayo publicada al respecto. Tampoco supone una novedad que los principales partidos políticos y hasta el Rey estuvieran barajando la posibilidad de echar a Suárez del gobierno y nombrar presidente a un militar en un hipotético gobierno de concentración nacional. A principios del año 81 estaba en boca de todos.





Otra cosa es el uso que se quiera hacer de ese material y la forma en la que se nos presenta. Me parece loable el trabajo realizado con  Operación Palace, porque entiendo que la democracia Española es lo suficiente madura como para afrontar uno de sus mayores tabús con sentido del humor (otra cosa es que a determinadas personas le escueza que se la cuelen, como fue el caso). Además, quedó claro durante su desarrollo el objetivo del experimento y se aclaró sobradamente que se trataba de una ficción.

Otra cosa es lo que se viene denominando periodismo-ficción, aquel que a partir de informaciones más o menos contrastadas y mucha imaginación nos vende una historia dirigida a nuestro lado más paranoico, que nos hace ver conspiraciones en todas partes y, más importante, nos hace comprar libros y periódicos. Contra ese tipo de periodismo está dirigido el programa de Évole.

Contra eso y contra el ocultismo que aún envuelve el 23-F. Y digo ocultismo porque no se tiene acceso a la información del sumario y juicio a los implicados, no porque el mismo sea fruto de una conspiración cuyo conocimiento pondría patas abajo el país y sus instituciones. Entiendo que ha pasado suficientemente tiempo para explicarlo claramente y demostrarlo con pruebas, a fin de dar por terminadas todas las fabulaciones al respecto.  

Antes de seguir: hay que leerse “Anatomía de un Instante” de Javier Cercas. Si lo vas a leer no sigas leyendo esto.

La operación Armada

Como expliqué en mi anterior entrada, a finales de 80 y principios del 81, España estaba al borde de un golpe de estado. El país estaba sufriendo una crisis devastadora y el gobierno, con su presidente a la cabeza, no atinaba a emprender acción alguna.  Todo el mundo quería expulsar a Suárez de la Moncloa, o se iba o lo echaban. Los servicios de inteligencia estaban al tanto de al menos cinco tramas golpistas, y lo que es más grave, la mayor parte del arco parlamentario se había dejado seducir ante la idea de un golpe de estado blando que facilitara un gobierno de concentración nacional para dar estabilidad política y económica al país, y poner freno a la matanza terrorista.

Ello no quiere decir que todo el mundo apoyara el golpe de estado, pero entre todos generaron el caldo de cultivo idóneo para la gestación del 23-F. En todo caso, lo más probable es que este u otro hubieran salido adelante, pues el malestar en el ejército era incontenible.

Esa era la idea del general Alfonso Armada: liderar un golpe de estado blando, un golpe democráticamente justificable que diera paz y estabilidad al país. Algo parecido a lo que había hecho el General de Gaulle en Francia en 1.958, que asumiendo el cargo de Jefe del Estado impidió un golpe de estado duro y dio origen a la V República Francesa, ganándose para siempre el título de Salvador de la Patria.

Sería un golpe blando porque se realizaría sin violencia y no se volvería a la situación preconstitucional. Una democracia limitada temporalmente liderada por un militar de prestigio para sacar a España de la agonía. Funcionó en Francia con De Gaulle, y funcionó en Roma con Julio César. Bueno, en Roma no resultó, pero la propia República preveía tal posibilidad en tiempos de crisis. Y a su imagen y semejanza, la República Galáctica eligió al  Senador Palpatin…… En fin, ya sabemos como terminaron ambas.



Lo cierto es que Armada se veía como el hombre idóneo para liderar el país, tenía la formación y la arrogancia necesarias, además de respetar el sistema democrático (véase aquí la incoherencia de plantear un golpe de estado para sostener la democracia). Contaba también con su ascendente sobre el Rey, que era la pieza clave del plan, y sobre el que creía ejercer una gran influencia (no en vano fue Secretario General de la Casa del Rey durante 17 años).    

Con esa convicción y moviéndose con la cautela propia de un intrigante palaciego fue sondeando a políticos, militares y notables, hasta el punto de que casi todo el mundo llegó al convencimiento de que era necesario dar un giro de timón y que el capitán que debía llevarlo a cabo era el general Armada.

El problema es que el debía aparecer como el salvador de la patria y la democracia y no como un golpista. Por ello no podía hacer el mismo el pronunciamiento; necesitaba un hombre de acción que asestara el golpe, convencido que una vez iniciado el Rey lo llamaría de forma inmediata para hacerse cargo de la situación, mediara con los golpistas y liderara un gobierno provisional.

El candidato elegido fue el teniente coronel Antonio Tejero, reputado golpista que ya había sido condenado de forma muy liviana en un intento anterior (Operación Galaxia) y que mostraba su disponibilidad para participar en otro en varios artículos publicados por El Alcázar.

Para contactar con Tejero y que este se sumara a la intriga se necesitaba un miliar que tuviera autoridad sobre él. Y quien mejor que el General Jaime Miláns del Boch, el más condecorado y admirado en el ejército, que a su vez estaba convencido de la necesidad del golpe.





Ya tenemos presentados a los tres protagonistas del golpe del 23-F. Y ya se puede entrever adelantar el principal motivo de su fracaso, y todo porque cada uno de los tres principales implicados tenía su propias motivaciones para participar en la trama. Cada uno tenía su propios objetivos y su propia idea de golpe de estado: Armada un golpe blando para liderar un gobierno que agrupara todos los partidos políticos (incluidos los comunistas); Tejero un golpe duro a la antigua, con un gobierno estrictamente militar que pusiera orden en el país y que tomara militarmente el País Vasco para terminar de una vez con ETA, una vuelta al modelo franquista; Y Miláns un gobierno también militar pero presidido por el Rey, cuya autoridad y legitimación no cuestiona.

Parece ser que estas discrepancias no salieron a la luz durante la gestación del golpe, ya fuera porque no quisieron desvelar sus cartas, ya porque lo dieron por sobreentendido, bien porque restringiendo la información había posibilidad de manipular e instrumentalizar a cada uno. Pero el mayor farol se lo marcó Armada al convencer a todo el mundo que el Rey estaba al tanto y apoyaba el golpe. A lo mejor hasta el propio Armada se lo creyó, o interpretó mal sus deseos.

Lo cierto es que una vez tomado el congreso por Tejero, a la espera de que se presentara la Autoridad Competente (según sus propias palabras), el Rey no llamó a Armada, y cuando este telefoneo a Zarzuela proponiendo ir a entrevistarse con el monarca se le negó el ofrecimiento. El secretario del Rey, sabino Fernández Campo receló de Armada y de la influencia que tenía sobre el Rey y le negó la entrevista que podía decidir el triunfo o el fracaso del golpe. Y es que la postura que adoptara el Rey era la clave, pues como militares le debían obediencia jerárquica como mando supremo de los tres ejércitos, y como pro-franquistas lo respetaban como sucesor elegido por Franco.



El Rey dijo no. Emitió un comunicado por televisión mostrando su apoyo a la democracia y frustró la intentona golpista. O casi, el Congreso continuaba tomado y el triunfo del golpe aún era posible. En un intento desesperado Armada toma la decisión de ir al Congreso para ofrecerse como mediador para hacer desistir a Tejero del secuestro de los congresistas y llegar a un pacto con las fuerzas políticas para que lo nombren presidente interino. En su entrevista con el teniente Coronel quedan patentes las desavenencias entre ambos y Tejero, que no quiere saber nada de gobiernos de concentración ni desiste en su actitud ni cumple las órdenes de Armada y Miláns. Solo tras comprobar que el Rey no está a favor de la intentona, que no cuenta con apoyo suficiente del Ejercito y que la autoridad competente no va a aparecer para tomar el mando, se da por terminado el secuestro.


El Elefante Blanco

Mucho se ha especulado sobre la identidad del llamado Elefante Blanco, la Autoridad Competente que debía presentarse en el Congreso para relevar a Tejero, liderar el alzamiento y asumir el gobierno que naciera del mismo; el que había gestado la trama. A mi modo de ver existen pocas dudas de que tal persona era el General Armada, por todo lo que se ha dicho. Decir que esa persona podría ser el Rey me parece una afirmación, no ya errónea, sino sensacionalista, apta para un gran titular. El Rey como mucho habría aceptado la posibilidad que le brindaba Armada como una forma temporal de afrontar la crisis, y seguro que se le pasó por la cabeza en algún momento. Pero nunca se hubiera expuesto a encabezar un golpe de estado que lo hubiera deslegitimado ante la ciudadanía y la comunidad internacional, precisamente ahora que durante el proceso de la Transición se iba olvidando su condición de delfín de Franco.

Lo que sí hizo el rey fue posicionarse contra el golpe, asumiendo un riesgo importante: que el ejército no lo acatara, que se sublevaran más capitanías generales siguiendo el ejemplo de Miláns en Valencia o bien pronunciamientos cuartelarios. Si ese hubiera sido el caso el golpe de estado podría haber triunfado, pero como un golpe duro, o podría haber paso lo mismo que en el alzamiento del 36, y en ambos casos el fin de la corona y el exilio.

El rey abatió al elefante blanco y fue felicitado. Luego le cogió el gusto a eso de matar elefantes, pero eso ya no estaba tan bien visto.

  
Lo que más me aterra de toda esta historia es que pese a los múltiples fallos de organización y la incompatibilidad de los implicados, es que el golpe de estado estuvo muy cerca de triunfar. Si la Acoraza Brunete hubiera tomado Madrid, si algún otro Capitán General hubiera sublevado una o varias regiones militares, si Tejero hubiera aceptado las órdenes de Miláns, si el Rey hubiera tenido esa entrevista con Armada, si unos cuantos cuarteles hubieran apoyado el golpe... Cualquiera de estas variables podría haber decantado el resultado final.

Por suerte no fue así, porque una vez iniciada una intentona golpista no puedes contenerla. Era complicado que el plan inicial triunfara, y muy probable que el resultado de la conspiración hubiera sido el contrario al esperado. De haber triunfado nos hubiéramos encontrado con una nueva dictadura militar a imagen y semejanza de la franquista, porque era lo conocido, la costumbre, porque era lo que querían los mandos del ejército que habían hecho carrera en el Franquismo. Y ese es el mayor reproche que hay que hacer a todos aquellos que vieron con buenos ojos la idea del golpe blando. Con esas cosas no se juega.


La trampa de la memoria


Casi todo el mundo recuerda haber visto en directo y por televisión la entrada de Tejero en el Congreso y el quieto todo el mundo famoso. Ese recuerdo es falso. Las imágenes se emitieron un día después. Solo se escuchó en directo por la radio. Todas las imágenes del congreso se grabaron pero en circuito cerrado. Si nuestra propia memoria nos engaña, ¿no lo harán otras personas interesadas en reinterpretar la historia a su gusto?.


El bigote de Tejero



La imagen que tenemos del golpe en la actualidad esta distorsionada. Un guardia civil con tricornio y bigote entrando en el congreso pistola en mano parece sacada de una película de Berlanga, como si entrara buscando algún congresista (o lideresa) que se ha dejado el coche en doble fila para pedirle los papeles del coche. Y creo la culpa de todo la tiene el bigote, un complemento hoy en desuso, solo utilizado por dictadores de Oriente Medio y por nuestro J.M. Aznar. Pero en aquella época era tendencia. No en vano la Real Sociedad ganó sus dos ligas entre el año 80 y el 82 con un grupo de ilustres bigotudos en sus filas. Y no hay que olvidarse del gran Freddy Mercury y Queen, que causaba furor con "The Game". 

Pobre bigote, es el único que merece algo de reconocimiento en esta triste historia.    


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martes, 8 de abril de 2014

Un hombre solo


Yo viví durante la transición, pero no viví la transición. Así que de inicio parece temerario hablar sobre algo de lo que solo tengo referencias. Pero como es un tema recurrente en la vida pública y política española, más tras el aniversario del 23-F y la muerte de Suárez, creo acertado dar mi opinión. Vistas la cantidad de sandeces que se dicen a diario sobre este asunto, no será la peor. 

Antes es forzoso recomendar la lectura "Anatomía de un instante", el magnífico ensayo-novela de Javier Cercas, que he tenido el placer de leer recientemente y cuya lectura debería ser, más que obligada, necesaria. Y sí, en la misma se disecciona el golpe del 23-F (sobre el que me extenderé en otra entrada), pero también analiza con acierto todo el período de la transición y a su principal figura: Adolfo Suárez.    

Tras la muerte de Adolfo Suárez (1932-2014) todo el mundo se ha puesto de acuerdo en ensalzar su figura, otorgarse su legado, atribuirse sus méritos. También en ocultar también sus carencias, sus fracasos, como si poner estos de relieve fuera un crimen contra la nación. Y por supuesto en olvidar las zancadillas y puñaladas que le pusieron o asestaron.   

Lo mismo ocurre con La Transición. Y es lógico, pues no se pueden separar el uno de la otra, el creador de su criatura (En la novela de Mary Shelley solo había un Frankenstein, el doctor). Todos se aprovechan de la impunidad que concede el tiempo y el olvido.


En Enero de 1.981 todo el mundo quería expulsar a Suárez del gobierno. Hasta tal punto llegó la tensión que casi dan al traste con el proceso democratizador, todos alentaron, de forma voluntaria o no, la intentona golpista del 23 de febrero

En una reunión con su vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado, celebrada meses antes del 23-F, este le preguntó: "Dime la verdad, presidente: aparte del Rey, de tí y de mí ¿hay alguien más que esté con nosotros?". La respuesta que podía darle era que SI, había uno más, y NO, que el rey tampoco estaba con ellos. No estaban con Suárez:

1) El Rey, que lo nombró presidente del gobierno en julio de 1.976 para transformar la España franquista en una monarquía parlamentaria a la europea, lo veía ahora, cumplida con éxito su misión, como un lastre para su propia imagen. La crisis económica y la inacción o desgobierno de Suárez durante 1.980, pusieron al país al borde del abismo, y el Rey, que había hipotecado su futuro al del presidente, deseaba soltar lastre. De hecho, cuando Suárez se le comunicó su decisión de dimitir, lo único que dijo el rey fue un frío: "Sabino, este se vá"

2) Todo el arco parlamentario, por motivos objetivos: el gobierno y el presidente iban a la deriva durante el último año, las tensiones nacionalistas, la crisis económica, y la lógica de partidos atacando al que ostenta la mayoría. Y por motivos personales. El presidente era un seductor que tenía hipnotizado al electorado, asegurándose el apoyo popular pese al pésimo balance que presentaba.     

3) Entre los partidos políticos especialmente el Partido Socialista, que se había visto ganador de las elecciones del 79 y no digirió la derrota electoral, sometió al gobierno y especialmente a Suárez a un acoso y derribo que dejó muy tocado al presidente. La famosa moción de censura presentada en mayo de 1980 (que aunaba talento político y malas artes) dejó en evidencia las carencias del jefe del ejecutivo y ensalzó la figura de Felipe González como futuro presidente del gobierno.

4) Su propio partido. La UCD era un conglomerado contra-natura de pequeños partidos políticos de derecha, centro derecha, liberales, socialdemócratas, etc., en el que Suárez aterrizó por sorpresa para presentarse a las elecciones del 77. Como su presencia casi aseguraba el triunfo electoral, le hicieron un hueco a costa de otros candidatos que se creían mejor preparados y con más méritos para ser cabeza de cartel. Y es que para su propio partido era un advenedizo sin cultura ni formación que ni siquiera compartía su(s) idea(s) de estado. No obstante, como todos partidos la UCD solo ansiaba  el poder, por eso lo toleraron mientras les fue útil. Cuando se vio que el barco se iba a pique todos intentaron desprenderse del capitán. Lo querían fuera para intentar tener alguna opción en las próximas elecciones, incluso pactar con un oportuno golpista un posible gobierno de concentración nacional.  

   
5) Las patronales, los sindicatos, estamentos varios y los países con intereres en España, que veían como única salida a la crisis económica que asfixiaba al país era la renuncia del presidente, de forma voluntaria o forzada, pues abocada al país a la quiebra y a un más que probable golpe de estado.     

6) Y sobre, no lo estaba  ejército, que era masacrado a diario por ETA, que había tolerado a regañadientes la imposición de la figura de Rey como jefe del Estado, así como el intento de Suárez y Gutiérrez Mellado de modernizar y acomodarlo a la Constitución. Pero sobre todo entendió como una traición la legalización del Partido Comunista (más cuando les prometió que no lo haría), por lo que de golpe se vieron respaldando a un parlamento que integraba al Enemigo contra el que se levantaron el el 36. En ese momento la mayoría de las fuerzas armadas hubiera apoyado un nuevo alzamiento y el fusilamiento público del traidor.        

Por eso se puede decir que durante 1.980 y hasta el 23 de febrero de 1.981, Suárez estaba solo, como en las 2 primeras fotos de esta entrada. Como en la tercera, mirando con gesto serio a su grupo, buscando una cara amiga, no una sonrisa forzada.

En cuanto a los apoyos, quitando a Gutiérrez Mellado, que se la había jugado a una sola carta y no tenía escapatoria, solo contaba con uno, con un solo hombre: Santiago Carrillo.


La historia de cómo el secretario general del Partido Comunista y el (ex)secretario general de Falange sentaron las bases de la transición a la democracia merece capítulo aparte. Baste decir que ambos coincidían en lo esencial: sabían donde querían llegar, y ambos fueron tan lúcidos para darse cuenta que precisamente para olvidar había que tener memoria.     

No es todos estuvieran en contra de Suárez únicamente para ocupar su puesto o por rencillas personales. El mismo dilapidó sus credenciales en un año terrible marcado por la falta de respuestas ante la mayor crisis (económica e institucional) que ha soportado España, agravada por la bisoñez democrática. 

Como buen político, estaba enganchado al poder, convencido que el era el único capaz de gobernar el país, y no se dio o no quiso darse cuenta de que no era el presidente que España necesitaba, que nadie lo apoyaba. Esa cerrazón nos costó un intento de golpe de estado y el riesgo de una nueva Guerra Civil.   

El, que no tenía formación política y no sobresalía en la académica, se había manejado como nadie entre las bambalinas del régimen, a base de intuición y adulación fue medrando en sus sistema que se desmoronaba con la muerte del dictador, pero que él conocía como nadie.

Apostó por el Príncipe Juan Carlos y de su mano fue ascendiendo en el engranaje franquista. Con sus dotes supo colocarse a última hora en la terna de candidatos a presidente del gobierno que disponía el Rey en julio de 1.976. 

Para todo el mundo su nombramiento fue una sorpresa. Un joven advenedizo de provincias sin formación y sin carrera política era nombrado presidente del gobierno, el presidente que para unos debía perpetuar el régimen, y para otros guiar al país a la democracia.

Desde su nombramiento hasta las elecciones de marzo de 1.979, imprimió a política un ritmo enloquecido que desarmó a todo el mundo. Las reformas y cambios eran tan rápidos, osados y desconcertantes, que dejó a todo el mundo sin respuesta. Gracias a ese ritmo consiguió legalizar el PCE, que el movimiento se auto-aniquilara, unas elecciones democráticas, una constitución, la vertebración del Estado en Comunidades Autónomas, etc. 

Cada nuevo anuncio del Consejo de Ministros era otro salto sin red del que milagrosamente salía bien parado. Tenía un instinto natural para saber como y cuando tomar esas decisiones y las dotes de persuasión necesarias para que todo el mundo las asumiera y las tomara como propias.

El problema vino después, cuando terminó el frenesí reformista y era necesario gobernar España, hacer frente a la crisis, a ETA, a los militares, a la política internacional. En ese momento se bloqueó, se vieron claramente sus limitaciones como estadista, su falta de experiencia y de programa político. Finalizado el frenesí reformista, se convirtió en un estorbo para todos. Todo el mundo lo sabía menos el mismo. Todos intentaron a su modo acabar con el, en parte porque tenían motivos, en parte porque le temían    

La figura de Adolfo Suárez merece ser ensalzada, cualquier homenaje que se le rinda me parecerá pequeño, pero sin hipocresías ni plañideras, por favor. Su figura merece ser recordada, no distorsionada.

No veo otra persona capaz de llevar a cabo el milagro de la transición. Un embaucador, un charlatán capaz de vender a políticos, militares y ciudadanos su idea reformista y hacerles creer que eran ellos mismos quienes la demandaban. Alfonso Guerra lo llamó una vez Tahur del Misisipi, y si, era el insulto de un rival político en campaña, y se le he reprochado hasta la saciedad, pero también tenía parte de razón, por eso caló en la ciudadanía y en el recuerdo. 

Ese tahur, fulero, prestidigitador, ilusionista, nos trajo hasta aquí. Y eso es lo que cuenta, su intención de transformar España en una democracia Europea. Como he dicho, creo que otro no lo habría hecho.  

Pero no fue el mejor presidente de la democracia, porque para eso demostró que no valía. Tampoco ningún partido puede irrogarse su legado, porque Suárez era su propio partido. Ni fue de la UCD, ni fue de centro ni de derecha, y hasta perdió el control del partido que creó a su imagen, el CDS. Era un político tan puro que no puede encasillarse en unas siglas, tan puro que carecía de ideología. El era su partido, y por eso estaba solo. 

En cuanto a la transición, por un lado se la protege como una revelación divina que hay que adorar bajo peligro de excomunión, y por otro se le imputan todos los males de la actualidad. Para mí fue la única vía para el entendimiento en un país en que si algo ha destacado es en matar al hermano. Nosotros podemos modificar ese pacto, mejorarlo, pero no debemos dinamitarlo. Mucha sangre, sudor y lágrimas han sido necesarios para sellarlo.

Para terminar me haré eco de una reflexión que hace Miguel Aguilar en un artículo que no he logrado localizar, en el que se asombra que nuestra generación se sienta más orgullosa de sus abuelos, que hicieron la guerra, que de nuestros padres, que hicieron la transición.

Aquí os dejo un enlace con un artículo de Javier Cercas sobre la transición y la web de la Fundación Transición Española, por si queréis ampliar vuestros conocimientos.   

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